EDITORIAL

 

 

 

EL MAYOR ENEMIGO DE LA DEMOCRACIA

 

 

Para los griegos clásicos y también para los romanos republicanos, la oligocracia, que es el gobierno de los poderosos, era el mayor mal para la democracia, precisamente el mal que padecemos en España, donde los gobiernos parece que gobiernan para las grandes empresas y los grandes intereses internacionales, más que para el pueblo. 

 

Intelectualmente, no hay más remedio que admitir que las cosas se están poniendo tan mal, que algún tipo de alternativa, aún no al uso y costumbre si incluye cambios y promesas de limpieza, podría ser una opción de emergencia, sobre todo pensando, como pienso, que los grandes partidos españoles no están legitimados para  hacer una regeneración del sistema que ellos mismos han degenerado, ni tienen capacidad ni voluntad de rectificar  su desastrosa gestión, plagada de errores, corrupción y abuso de poder, por lo que sería una suerte para España que desaparecieran y después iniciaran un nuevo camino con otras gentes y con una hoja de ruta que les marque la sociedad civil, como será, en mayor o menor grado en un futuro próximo, para todos los partidos políticos que quieran tener éxito.

 

También para muchos pensadores modernos, lo contrario de la democracia es la oligocracia. Todos creen que lo peor es lo que tenemos, un gobierno de partidos y políticos corruptos que han encontrado la forma de mantenerse en el poder contra viento y marea, disfrutando de privilegios, escandalizando a la ciudadanía con sus comportamientos  y causando estragos a la nación. 

 

La dictadura de los partidos está gobernando España desde hace alguna década, suplantando a una democracia que brevemente existió, donde los derechos humanos básicos hace años que están retrocediendo, bajo los gobiernos de la izquierda, la derecha y la complicidad del nacionalismo. 

 

La amenaza de Podemos ha desatado el miedo y los nervios porque los que alternativamente vienen mandando pueden dejar de hacerlo. Pensaron que para evitarlo lo mejor era introducir en el sistema el principio de que gobierne la lista más votada, pero cuando comprobaron que esa lista predominante no podía ser la suya, empezaron a hablar de una coalición PP-PSOE para salvaguardar "el bien de España", una afirmación hipócrita que esconde el miedo a perder un poder que se niegan a admitir que sea siempre del pueblo. 

 

 

Pero lo más sorprendente de ese rechazo es, según las encuestas, que Podemos es ya la primera fuerza política de España en intención de voto, pero el 42 por ciento de los que se disponen a votarlos lo harán a pesar de estar en contra de sus ideas y proyectos. Se trata de una reacción casi irracional y sorprendente, debido, probablemente, al odio a a la "casta" política que ha llenado España de tristeza, injusticia, desempleo, despilfarro, impuestos insoportables, arrogancia del poder y de vagos y enchufados con carné de partido, cobrando del erario  público. 

 

Noviembre, 2014