OPINION

EL JUSTICIERO ÇIUDADANOS

 

 


Los pactos que se están fraguando después de las elecciones de mayo, en los que las derechas y las izquierdas, los teóricos regeneradores y los corruptos de siempre, los viejos y los nuevos partidos se reparten el poder para colocar parches y apuntalar un sistema herido de muerte, son, al menos, decepcionantes.

 

Ciudadanos está pactando con los grandes partidos corrompidos y agotados, como el PP de la Gürtel y el PSOE de los ERE, no hace mucho tiempo adversarios a batir, fundamento de su más profundo mensaje electoral, con el explícito fin de practicar reformas que la sociedad española estaba demandando a gritos: reducción de sueldos, reactivación de derechos y servicios sociales recortados, austeridad, adelgazamiento de las administraciones y dureza contra la corrupción, entre otras muchas demagogias que pronto han empezado a descubrir.

 

Su incoherencia e incongruencia es casi total: Desde lejanas tierras catalanas, su "Sanedrín" tan pronto dicta el apoyo vital  (con una cínica abstención como puesta en escena y unos pactos firmados y rubricados, como constancia fehaciente del hecho)  para la izquierda en Andalucía, de manera implacable y rigurosa,  como lo dicta para la derecha en Madrid y Guadalajara, o igualmente, en cientos de casos a lo largo de la geografía nacional, exigiendo siempre, demagógicos y trasnochados  “avances sustanciales” hacia esa democracia, tan lejana, que ellos quieren proteger torpemente eliminando, por ejemplo, el municipio –primera célula democrática que conforma el Estado Democrático Moderno- y Diputaciones, o crear un impuesto confiscatorio al ahorro familiar, entre otras lindezas, amparadas en la demandada idea de cambio y regeneración. La gente se dará cuenta pronto, con seguridad antes de las elecciones generales de que, por donde ha pasado Ciudadanos no se notaran las mejoras en decencia, justicia social, limpieza y democracia.

 

Lo más deplorable, para ellos y sus pupilos, de esa labor justiciera de inquisitorial dictado, es que imponen los cambios gratuitos y hasta personales y se mantienen fuera de los gobiernos, conservando toda la libertad para hacer fácil política desde la oposición.

 

 

Ciudadanos, de manera despótica, está haciendo lo contrario de lo que prometió: pactar indiscriminadamente, “para imponer democracia y regeneración”, con los adversarios corruptos, contra los que su lucha ideológica, era, teóricamente, su razón de ser,  su esencia doctrinal y  su empeño democrático. En estos momentos, la labor de Ciudadanos constituye un impulso insensato  y toda una desesperanza en la inquietante España.

 

 

Históricamente, todo partido, de este corte reformista, que ha apoyado pactar indiscriminadamente, incluso tímidamente, para imponer democracia y regeneración, con los adversarios políticos, ha tenido muy corta vida. Lo que hace unos días representaba Ciudadanos lo representaba ya hace un siglo el Partido Reformista: una esperanza frente al bipartidismo, una oportunidad de superar la corrupción inherente a la alternancia de los grandes partidos, un cauce para una mayor participación en la vida pública, un elemento de movilización de los sectores más exigentes de la población. Abominaba de entenderse con el caduco partido que había extirpado de la conciencia pública casi todas las esperanzas. Tan caduco como el PP de Rajoy; tan “viejo” como el PSOE que vuelve a las andadas cuando surge.

 

 

La encrucijada de Ciudadanos es la misma que afrontaba el Partido Reformista hace cien años. La creciente frustración ante la inoperancia del insípido Eduardo Dato, sirvió al conde de Romanones, líder del añejo Partido Liberal, para hacer un canto de sirena a Melquiades Álvarez líder del Partido Reformista, es decir el Albert Rivera actual, ofreciéndole nada menos que “una colaboración entusiasta, apasionada, decidida, generosa, resuelta. Melquíades Álvarez rechazó con dignidad –como han hecho los dirigentes de Ciudadanos que no han ganado en las urnas- la cartera ministerial que se le ofreció. En abril de 1916, con un intervalo de cinco meses, igual al que probablemente habrá ahora tras las municipales, se celebraron elecciones generales y el Partido Reformista no pasó de catorce escaños. En vez de alternativa, se había quedado en  comparsa.

 

De ahí que lo conveniente para Albert Rivera y para cuantos españoles vean en Ciudadanos un instrumento de regeneración democrática y cambio político, hubiera sido apurar al máximo el ciclo expansivo que le otorgaban las encuestas, reafirmándose como alternativa al bipartidismo de los “asmáticos” y “caducos, sin jugar en ningún caso a Bertrand Duguesclin,… ¿recuerdan?: “Ni quito ni pongo rey, pero ayudó a mi señor”.

 

Parecido le pasó al CDS hace un cuarto de siglo. Adolfo Suárez cometió el mismo error que Melquíades Álvarez al prestarse a servir de apoyo del PSOE. Su pasteleo en el  pleno del caso del hermano de Guerra fue el principio del fin de aquel antepenúltimo proyecto centrista en la política española.

 

Podría decirse que el penúltimo, la UPyD de Rosa Díez, está en vías de liquidación precisamente por lo contrario. Es preciso reconocer que en el juego de la política tan equivocado como pasarse es no llegar.

 

La pervivencia o fracaso en estas operaciones, para Ciudadanos, va a depender de que la corrupción, nepotismo, prevaricación, etc., cambien realmente en cinco meses. Si se mejora sustancialmente, cosa muy difícil, Ciudadanos, se mantendrá, pero no podrá  demostrar que son regeneradores y distintos a la actual y deplorable casta política, por no haberse atrevido a gobernar  y sí instalarse en la cómoda oposición. Pero si todo sigue igual, tienen asegurado el fracaso y se diluirán con la misma rapidez que han crecido. Solo les quedan cuatro o cinco meses.

 

Se hubiera deseado concurrir a las elecciones generales impolutos, con la disposición, el propósito y la posibilidad de ganarlas.

 

Ahora solo queda asistir a una batalla electoral donde el miedo será el gran protagonista y en la que se va a dilucidar si los españoles temen más a la izquierda, complementada con nuevos políticos sin corbata y con greñas, o a la derecha pendiente de refundación, incluso a Ciudadanos.

 

Junio, 2015