EDITORIAL

EL DE NUESTRO ESTADO, UN DEBATE LIMITADO Y MANIPULADO

 

Los ciudadanos españoles, hemos asistido como espectadores mudos al reciente debate sobre el Estado de la Nación que ha escatimado  la necesaria discusión sobre la realidad de España, sustituyéndola por la que ya suponíamos,  que interesaría al gobierno: un debate, a su manera, sobre el estado de la economía.

 

Rajoy quiso centrar y limitar el debate sobre la presunta recuperación económica,  ignorando que fue elegido también para que cumpliera otras promesas que él ha olvidado antidemocrática e indecentemente, como el adelgazamiento del Estado, la bajada de impuestos, el respeto a la independencia del Poder Judicial, la delictiva financiación de los partidos políticos, la regeneración de la política, el fin de la burocracia inútil y, sobre todo, pasando de puntillas sobre una corrupción con la que convive perfectamente el partido gobernante, envuelto en múltiples casos y suciedad ética intolerables en democracia.

 

Pero aunque nos lo hayan escamoteado los españoles sabemos que España padece los impuestos más altos y desproporcionados de toda Europa, recibiendo a cambio servicios sin calidad; han causado el cierre de casi 700.000 empresas y los políticos y sus instituciones y gobiernos han causado estragos entre autónomos y pymes. Nuestro país ocupa los primeros puestos mundiales en casi todo lo sucio y deleznable: tráfico y consumo de droga, blanqueo de dinero, trata de blancas, prostitución, fracaso escolar, baja calidad de la enseñanza, acogida de mafias, desprestigio de la clase política, desempleo masivo, avance de la pobreza y un larguísimo etcétera de vergüenzas e ignominias alcanzadas gracias al liderazgo nefasto de una de las peores y más corruptas clases políticas del planeta.

 

Ha sido, pues, un debate manipulado, limitado y sometido al interés del partido gobernante, el debate sobre el Estado de la Nación ha sido una farsa antidemocrática y no, como debiera ser, una oportunidad para conocer mejor el verdadero estado de la Nación. 

 

Ante este panorama y todos los avatares que, a diario y en contra de los sufridos contribuyentes, le preceden, los ciudadanos han perdido la fe y la confianza en los políticos y en sus representantes y gobernantes, instalados en una sucia dictadura de partidos y de políticos profesionales. Por lo tanto, la única solución que tiene una ciudadanía marginada y manipulada, que no cuenta para nada en la política española, es manifestar desprecio a sus verdugos con pitadas y abucheos y   acudir a las urnas, para, con su única fuerza posible, marginarlos, de una vez, de la política de este País que en comandita han destrozado. Mientras hacerles sentir el desprecio ciudadano, sin utilizar la violencia, es el mejor camino (se nota) para acabar con la opresión y el abuso de poder que dominan la escena política española. Cuando dejen de mentir, cuando renuncien a la corrupción y a los privilegios injustos que disfrutan y cuando se tornen, muy dificil, demócratas y otorguen a los ciudadanos el peso que les corresponde en democracia, entonces los políticos podrían ser admitidos en actos propios de la ciudadanía, solo entonces.

 

 

Marzo, 2014